domingo, 28 de octubre de 2012

Domingo aburrido que se convierten en una aventura.

Siempre escribo  cuando algo importante o interesante me pasa. Por esa razón, estoy presente acá, escribiendo.
Me levanté a las once de la mañana, lo primero que hice fue prender la  computadora. Tenía ganas de salir, disfrutar del domingo. Aunque nadie estaba  conectado. Esperé y  comenté en el grupo de afs si alguien podía  salir, NADIE me  contestó y la publicación fue vista por dieciséis personas.
Mi  cerebro rápidamente pensó: "No le caigo bien a nadie". Esperé un rato a alguna respuesta que jamás apareció, por lo tanto, se me ocurrió salir a caminar. Nunca había hecho tanto frío como hoy.
Me puse los auriculares y salí. Saqué fotos (las cuales subí al facebook), pero el frío era tan fuerte que tuve que volver.
Después volví a la pc, hablé  con mamá y María Clara, mi amiga italiana, me escribió. Eran las 16:40, me dijo si quería salir, mi cara se habrá iluminado como una noche llena de estrellas.
Le dije que sí, me fijé rápidamente a qué hora saldría el próximo tren. Me parecía medio tarde para salir, pero no tenía ganas de quedarme. Es decir, son vacaciones y siempre los  chicos salen, disfrutan de la vida.
Me puse las botas y la madre anfitriona me llevó a la estación de tren. A lo que algo inesperado sucedió: mientras íbamos en el auto la madre anfitriona me dice que no hago  cosas  con Bruno, que no le doy bola y que no le pregunto si quiere ir conmigo  cuando salgo.
A lo que respondí que no pensaba de esa manera, que la vez que salí a Wiener Neustadt lo invité. Y le dije que pensamos diferente porque somos de otras  culturas, no sé me pareció  cualquiera el planteo. Pareciera que soy una mascota. Y la verdad que no me va.
En fin, llegué a la estación y miré el reloj y eran las 18.15, fue re bizarro porque mi tren salía a las 17.30.  Cuestión que esperé, y después me di  cuenta que no tenía la tarjeta que me permite viajar gratis. Me agarró el ataque, y se me vino a la mente la anécdota de Eze, un estudiante de intercambio que está en Austria, pagó 90 euros por no tener el boleto. Me gasté 14 euros para ir a Viena, suerte que una mujer me ayudó a sacar el boleto.
Subí al tren, y empecé a escuchar música, no aguanté y me largué a llorar. Empecé a pensar en miles de  cosas, en personas, etc.
Tenía miedo que viniera el inspector y me dijera que algo andaba mal y tuviera que pagar más.
Ese momento que escuchás "someone like you" de Adele y sos partícipe de una película de Virginia Lago, "El infeliz que está en Austria".
Lloraba y al mismo tiempo pensaba: "¡Qué genial voy a tener material para escribir en mi blog!". 
Después de una hora y veinte minutos, llegué a la bendita Viena.
Me encontré con Clarita y le di un abrazo. Nos pusimos a hablar y le dije que a las diez debía regresar. 
Fuimos a un Mc y seguimos hablando. A las 19.30 me llegó un sms del padre anfitrión diciendo que volviera en el tren de las 20 horas.
Clara se terminó su té y me acompañó a la estación. Compré el ticket( me gasté 21 euros en viajar), podría haber sido gratis... me odié, eso me pasa por vivir en las nubes, pero ya aprendí, porque dolió. 
Después en Wiener Neustadt hice la  combinación y  ahí empezó a nevar, fue hermoso.
Llegué a las 21.38, que en realidad eran las 22.48, el horario  cambia. Hay una hora más.
El padre anfitrión me fue a buscar, arribé a la casa y desde ese momento estoy acá escribiendo. Al parecer la madre anfitriona está enojada.
Germán se despide y le manda un saludo a todo lector que esté aquí.
Experiencias de intercambio...