Germán está en una nueva casa anfitriona. Proximamente, escribo acerca de eso.
Estoy muy bien. =)
Was kann ich sagen? Ich bin Germán aus Argentinien, ein Austauschschuler. Ich mache meinen Austausch in Österreich. Ich schreibe meinsten auf Spanisch, weil ich meine Familie und Freunde, was ich hier mache erzählen will. Meine Zeit hier? Sie ist schön, schwierig, traurig, nicht wie ich erdachte. Süße Grüße aus Gagaland.
viernes, 25 de enero de 2013
Relato de mi viaje a Suiza.
Empezó el primer lunes de clases, fecha exacta 7-01-13, nada cambió y tampoco va a cambiar.
Puedo decir que jamás odié tanto el colegio como al estar acá (en Austria).
La sexta clase tiene religión y la séptima matemática, y yo acá sentado escribiendo.
Debo relatar el viaje a Suiza.
Todo comienza el día 31.12.12, estaba re nervioso por el hecho de que nunca antes me había subido solo a un avión, (bueno... tampoco tuve/tengo mucha experiencia con ellos).
Tenía miedo de que me faltara alguna documentación o que directamente no me dejaran volar y yo con el pasaje de ida y vuelta de 220 euros.
La realidad fue otra, jamás me pidieron el pasaporte o la tarjeta de residencia de Austria.
Al pasar por la máquina de control, sonó. LPM! me tocaron todo, el bulto, el culo, las piernas, absolutamente todo.
Pero sonó porque tenía un invisible en el bolsillo.
Luego esperé por una hora con la "Kristinett" en el aeropuerto de Viena.
Después de una hora de espera, embarqué. Y a tan sólo una hora y cinco minutos, ya estaba en Zürich.
La sonrisa que albergaba mi cara iba de oreja a oreja, esa que es típica de cumpleaños.
El avión aterrizó, tuve que esperar a que saliera mi bolsito por la cinta.
Derrepente la vi a Noe, salí corriendo, perro ella estaba atrás de un vidrio, por consiguiente no pude abrazarla. Con señales y moviendo los labios, le expliqué que tenía que esperar hasta que saliera mi bolso.
Regresé al punto donde se suponía que debía esperar, el bendito bolso rojo apareció. Lo agarré rápidamente y salí corriendo para poder abrazar a Noe.
Fue un momento genial, me sentí como estar en Argentina, de hecho los siete días que estuve allá se transformaron en una semana en mi país de origen.
Viajamos en tren, una hora y veinte minutos, pero se pasó volando entre charla y muchas carcajadas.
El boleto costó sesenta francos suizos ( el monto en pesos argentinos es equivalente a tres billetes de Roca) ¡Una barbaridad!.
Por fin, llegamos a Freiburg/ Friburg/ Friburgo, tiene cuarenta formas para llamarse.
El colectivo nos esperaba para ir al destino final-léase casa de Noe- ( la realidad fue que nosotros esperamos al colectivo).
Eran las diez de la noche, comimos pizza, y salimos para el centro, mientras caminábamos se hicieron las doce, largamos un grito de júbilo que hizo que aquella calle fría se convirtiera en una típica calle de Buenos Aires en verano: "¡Feliz año nuevo! y nos abrazamos.
Cuando personas aparecían en escena, les preguntaba: "Entschuldigen Sie bitte, Sprechen Sie deutsch?" Eso significaría: "Disculpe, ¿Habla usted alemán?". Hay una buena razón, para todo la hay. Con Noe queríamos ir a un bar o un boliche.
Cuando de repente unas chicas me responden que sí y les pregunté si sabían dónde había un lugar par ir.
Resulta que hablaban español porque se habían ido de intercambio a Chile.
Nos dijo dónde teníamos que ir, la entrada salía quince francos suizos, la gente estaba totalmente borracha y tiraban botellas de vidrio.
Noe y yo nos miramos y dijimos: "Ya fue, vamos a la casa a tomar una cerveza".
Caminamos de regresa a la casa, nuestras piernas no daban para más.
Finalmente luego de treinta minutos, llegamos. "Tomamos una cerveza", Noe tomó hasta la mitad y yo dejé un poco. Aclaración, no me gusta la cerveza, pero bueno, era año nuevo, y tomé igual, aún así me gusta la cerveza que viene con limón.
Al día siguiente, desayunamos y decidimos ir a Berna.
El boleto costó 13 francos. Los valió ya que Berna, es una ciudad muy bonita. Las construcciones son muy antiguas o así lo aparentan.
Estuvimos ahí por cuatro magníficas horas y merendamos en Mc Donals, me compré un frappé de frambuesa y una dona de vainilla.
Viajamos nuevamente en tren para retornar a la casa.
Los padres anfitriones de ella, son muy amables y muy buena onda. Mr Pierre y Sara son geniales.
Comí demasiado, tanto que aumenté un kilo.
Mr Pierre nos llevó a la montaña para andar en trineo. ¡Fue la gloria! me cagué de la risa, comí nieve por el simple hecho de caerme para adelante y me di un par de golpes.
No hay palabras para describir lo bien que lo pasé.
El 3.1.12 llegaron Tomás y Juancho. Con Tomás, fuimos a caminar y conocimos a una mujer en el supermercado, era Argentina, vivía en Suiza hace diez años, tenía tres hijos y estaba casada con un suizo. Era muy amable y nos invitó a la casa a tomar mate. Fuimos los cuatros al día siguiente, tomamos mate, charlamos y comimos galletitas. ¡Una grande Mariela! Así se llamaba.
La fiesta tocó la puerta, no puedo explicar lo que me reí, bailé y grité. Boludeamos como en Argentina, ¡qué tiempos!.
La mejor anécdota de la noche:
Había una chica de origen turco, estudiante de intercambio, supuestamente borracha y tenía puesto mi gorro de rana.
Voy rápidamente, se lo quito y salgo corriendo al cuarto para guardarlo en mi mochila.
Se me acerca y me pregunta:
"Where is your hat?"
"In Gagaland." respondí.
"Where is that?" reitera su pregunta.
"In Gagaland"
"Can you give it to me back, please?"
"Yeah!"
"Thanks" responde con una sonrisa y mira al techo buscando a dios.
Jamás se lo traje y se olvidó.
Los chicos no podían parar de reír. Había una mexicana y yo le decía "¡Colibritany!".
Después el cinco, fue tranquilo, la gente se tenía que ir. Caminamos un rato y fuimos a una iglesia.
El seis, mi último día en Suiza, no me quería ir porque estaba tan bien ahí. Me sentía como en casa.
Los chicos me acompañaron a la estación de tren y cambié los francos que me sobraron a euros.
Compré el boleto de tren, pagué otros sesenta francos suizos y dos horas de viaje hasta Zürich.
Saludé a cada uno con un abrazo. Cada uno de los chicos me decía una frase de aliento.
Flor me dijo: " Ger, escribí en un papel algo que anhelés". Le respondí "Vivo en Viena".
Nos reímos y me dijo: " Todo va a mejorar".
Noe me abrazó, le agradecí, y repitió: " No te preocupés, todo va a estar mejor".
Juancho y Tomás igual. El tren que iba al aeropuerto llegó. No me quería subir, pero lo hice.
Me puse los auriculares, sonó "hiding my heart away" de Adele. Agarré un alfajor habana que me había otorgado Noe, las lágrimas aparecieron en escena mientras comía.
Ellas se desvanecieron y me comí el último que me quedaba.
Después sonreía y me decía a mi mismo, sonreí porque pasó, porque pudiste vivirlo. Vi dos banderas juntas en el balcón de un departamento colgadas, una de Inglaterra y la otra de Argentina.
Fue un flash.
Las dos horas de tren se pasaron demasiado lentas.
Llegué al aeropuerto y tuve que hacer el check in, lo hice, dejé el bolsito y esperé dos horas.
Tampoco me pidieron el pasaporte, ni nada allá.
Por suerte, no sonó ninguna alarma. Seguí esperando para abordar.
No hubo ningún problema. En una hora llegué a Viena. El padre anfitrión y el hermano anfitrión me esperaban.
Después de una hora o un poco más llegamos a la casa. Mi cena fue un sandwich y a la cama.
Hoy empecé el colegio nuevamente, lo odio, jamás odié tanto ir al colegio, lo juro...
Puedo decir que jamás odié tanto el colegio como al estar acá (en Austria).
La sexta clase tiene religión y la séptima matemática, y yo acá sentado escribiendo.
Debo relatar el viaje a Suiza.
Todo comienza el día 31.12.12, estaba re nervioso por el hecho de que nunca antes me había subido solo a un avión, (bueno... tampoco tuve/tengo mucha experiencia con ellos).
Tenía miedo de que me faltara alguna documentación o que directamente no me dejaran volar y yo con el pasaje de ida y vuelta de 220 euros.
La realidad fue otra, jamás me pidieron el pasaporte o la tarjeta de residencia de Austria.
Al pasar por la máquina de control, sonó. LPM! me tocaron todo, el bulto, el culo, las piernas, absolutamente todo.
Pero sonó porque tenía un invisible en el bolsillo.
Luego esperé por una hora con la "Kristinett" en el aeropuerto de Viena.
Después de una hora de espera, embarqué. Y a tan sólo una hora y cinco minutos, ya estaba en Zürich.
La sonrisa que albergaba mi cara iba de oreja a oreja, esa que es típica de cumpleaños.
El avión aterrizó, tuve que esperar a que saliera mi bolsito por la cinta.
Derrepente la vi a Noe, salí corriendo, perro ella estaba atrás de un vidrio, por consiguiente no pude abrazarla. Con señales y moviendo los labios, le expliqué que tenía que esperar hasta que saliera mi bolso.
Regresé al punto donde se suponía que debía esperar, el bendito bolso rojo apareció. Lo agarré rápidamente y salí corriendo para poder abrazar a Noe.
Fue un momento genial, me sentí como estar en Argentina, de hecho los siete días que estuve allá se transformaron en una semana en mi país de origen.
Viajamos en tren, una hora y veinte minutos, pero se pasó volando entre charla y muchas carcajadas.
El boleto costó sesenta francos suizos ( el monto en pesos argentinos es equivalente a tres billetes de Roca) ¡Una barbaridad!.
Por fin, llegamos a Freiburg/ Friburg/ Friburgo, tiene cuarenta formas para llamarse.
El colectivo nos esperaba para ir al destino final-léase casa de Noe- ( la realidad fue que nosotros esperamos al colectivo).
Eran las diez de la noche, comimos pizza, y salimos para el centro, mientras caminábamos se hicieron las doce, largamos un grito de júbilo que hizo que aquella calle fría se convirtiera en una típica calle de Buenos Aires en verano: "¡Feliz año nuevo! y nos abrazamos.
Cuando personas aparecían en escena, les preguntaba: "Entschuldigen Sie bitte, Sprechen Sie deutsch?" Eso significaría: "Disculpe, ¿Habla usted alemán?". Hay una buena razón, para todo la hay. Con Noe queríamos ir a un bar o un boliche.
Cuando de repente unas chicas me responden que sí y les pregunté si sabían dónde había un lugar par ir.
Resulta que hablaban español porque se habían ido de intercambio a Chile.
Nos dijo dónde teníamos que ir, la entrada salía quince francos suizos, la gente estaba totalmente borracha y tiraban botellas de vidrio.
Noe y yo nos miramos y dijimos: "Ya fue, vamos a la casa a tomar una cerveza".
Caminamos de regresa a la casa, nuestras piernas no daban para más.
Finalmente luego de treinta minutos, llegamos. "Tomamos una cerveza", Noe tomó hasta la mitad y yo dejé un poco. Aclaración, no me gusta la cerveza, pero bueno, era año nuevo, y tomé igual, aún así me gusta la cerveza que viene con limón.
Al día siguiente, desayunamos y decidimos ir a Berna.
El boleto costó 13 francos. Los valió ya que Berna, es una ciudad muy bonita. Las construcciones son muy antiguas o así lo aparentan.
Estuvimos ahí por cuatro magníficas horas y merendamos en Mc Donals, me compré un frappé de frambuesa y una dona de vainilla.
Viajamos nuevamente en tren para retornar a la casa.
Los padres anfitriones de ella, son muy amables y muy buena onda. Mr Pierre y Sara son geniales.
Comí demasiado, tanto que aumenté un kilo.
Mr Pierre nos llevó a la montaña para andar en trineo. ¡Fue la gloria! me cagué de la risa, comí nieve por el simple hecho de caerme para adelante y me di un par de golpes.
No hay palabras para describir lo bien que lo pasé.
El 3.1.12 llegaron Tomás y Juancho. Con Tomás, fuimos a caminar y conocimos a una mujer en el supermercado, era Argentina, vivía en Suiza hace diez años, tenía tres hijos y estaba casada con un suizo. Era muy amable y nos invitó a la casa a tomar mate. Fuimos los cuatros al día siguiente, tomamos mate, charlamos y comimos galletitas. ¡Una grande Mariela! Así se llamaba.
La fiesta tocó la puerta, no puedo explicar lo que me reí, bailé y grité. Boludeamos como en Argentina, ¡qué tiempos!.
La mejor anécdota de la noche:
Había una chica de origen turco, estudiante de intercambio, supuestamente borracha y tenía puesto mi gorro de rana.
Voy rápidamente, se lo quito y salgo corriendo al cuarto para guardarlo en mi mochila.
Se me acerca y me pregunta:
"Where is your hat?"
"In Gagaland." respondí.
"Where is that?" reitera su pregunta.
"In Gagaland"
"Can you give it to me back, please?"
"Yeah!"
"Thanks" responde con una sonrisa y mira al techo buscando a dios.
Jamás se lo traje y se olvidó.
Los chicos no podían parar de reír. Había una mexicana y yo le decía "¡Colibritany!".
Después el cinco, fue tranquilo, la gente se tenía que ir. Caminamos un rato y fuimos a una iglesia.
El seis, mi último día en Suiza, no me quería ir porque estaba tan bien ahí. Me sentía como en casa.
Los chicos me acompañaron a la estación de tren y cambié los francos que me sobraron a euros.
Compré el boleto de tren, pagué otros sesenta francos suizos y dos horas de viaje hasta Zürich.
Saludé a cada uno con un abrazo. Cada uno de los chicos me decía una frase de aliento.
Flor me dijo: " Ger, escribí en un papel algo que anhelés". Le respondí "Vivo en Viena".
Nos reímos y me dijo: " Todo va a mejorar".
Noe me abrazó, le agradecí, y repitió: " No te preocupés, todo va a estar mejor".
Juancho y Tomás igual. El tren que iba al aeropuerto llegó. No me quería subir, pero lo hice.
Me puse los auriculares, sonó "hiding my heart away" de Adele. Agarré un alfajor habana que me había otorgado Noe, las lágrimas aparecieron en escena mientras comía.
Ellas se desvanecieron y me comí el último que me quedaba.
Después sonreía y me decía a mi mismo, sonreí porque pasó, porque pudiste vivirlo. Vi dos banderas juntas en el balcón de un departamento colgadas, una de Inglaterra y la otra de Argentina.
Fue un flash.
Las dos horas de tren se pasaron demasiado lentas.
Llegué al aeropuerto y tuve que hacer el check in, lo hice, dejé el bolsito y esperé dos horas.
Tampoco me pidieron el pasaporte, ni nada allá.
Por suerte, no sonó ninguna alarma. Seguí esperando para abordar.
No hubo ningún problema. En una hora llegué a Viena. El padre anfitrión y el hermano anfitrión me esperaban.
Después de una hora o un poco más llegamos a la casa. Mi cena fue un sandwich y a la cama.
Hoy empecé el colegio nuevamente, lo odio, jamás odié tanto ir al colegio, lo juro...
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